viernes, 27 de febrero de 2009

Tú y yo

¿Es posible acaso que dos seres se parezcan tanto? Así como tú, me lo pregunto a diario. El magnífico detalle de terminar una idea por ti empezada es motivo de la más pueril y emotiva sonrisa; arrollado por la mirada amorosa que me regalas, mis brazos te reciben calurosamente, mi pecho se torna la segura almohada sobre la cual descansa tu mente agotada por el trajín del día a día. Es entonces cuando me interrogas con voz tímida y casi dormida sobre aquellos puntos de convergencia, jamás antes observados por ninguno de los dos.

Tú y yo nacimos para conocernos, es lo que siente mi conciencia. La razón, a quien he servido sin cuestionamiento, me hace saber que el destino no existe. ¿De qué manera podría explicar aquello sin caer en el repudiado esoterismo? Aún busco la respuesta...

No es justo el parecido, así me has hecho saber. ¿Por qué consideras injusto lo más simbólico, lo medular, lo que nos ha unido? No temas, chiquilla. No reniegues de la maravilla producida por esta sensación que cada día sorprende más. La necedad únicamente conlleva al sufrimiento solitario. ¡Quién mejor que yo para dar fe al respecto!

Bastó un jueves para acordarlo y qué decir de aquel viernes: Para recordarlo. Los dos sutiles momentos en que abriste tu corazón y, tomada de mi brazo, me besaste al son de un "te quiero" casi silente. Guiado por el radiante futuro que vislumbro, me he puesto en marcha; he logrado sacudir la torpeza que contiene y frena mi brillo, para así brillar a tu lado.

Espero ansioso el momento en que, finalmente, sea digno del aprecio de mis queridos y amados seres. Me has pedido paciencia y calma y he sabido combinar ambas virtudes estoicamente. Pido yo a ti, una vez más, la confianza que siempre depositaste para esta vez, sin fronteras de ninguna especie, completar el anhelo que tanto tiempo me mantuvo en cobarde silencio.

Tú y yo, así debe ser. Lo has sabido desde siempre y hoy te desconcierta la pregunta que te formulé: ¿Dónde has estado todo este tiempo? Ambos conocemos la respuesta y preferimos no recordarla. Así supiste expresarlo mientras recogías tu cabello y con satisfactoria decisión afirmaste "Qué feliz soy".

No hay comentarios:

Publicar un comentario