¿Así retribuyes la agencia oficiosa emprendida en tu nombre? ¿Es lo que merezco luego de tantos años?
Es verdad, soy manantial de inexplicables e injustificables defectos, de taras sin razón, de deficiencia infundada. No puedo ocultarlo, me hace daño. Me hace daño saberlo de ti y de tal forma; aprovechando mi ausencia y con el único fin de hinchar tu ya agigantado ego. ¿Es que tanto me temes? ¿Has perdido la confianza en ti? Tienes razón, desde luego; me allano a tu pensamiento, pero ¿por qué con tal saña? ¿por qué no con tu tranquila mirada clavada en mis ojos? Creo haberme forjado con lealtad el derecho a ser confrontado al respecto.
Has logrado exacerbar lo amarillo de mi ser, aquello que he intentado remover de la conciencia poco a poco y que cada día, hasta el último sol, continúo realizando en nombre de los por mí amados. ¿No lo deseas, verdad? Es precisamente a ello que temes. Muy confidentemente te lo hice saber en tertulias pasadas, ¿recuerdas? Claro que sí; sabías que empezaba a nacer aquel nuevo yo y ahora que resulta, súbitamente coartas su desarrollo... Yo también tendría demasiado qué exponer al mundo, pero jamás lo diré; nunca verás en mí tal conducta. Seguirás temiendo, eso sí.
Recibirás de mí el trato casual... La generosidad que alguna vez te brindé desmedidamente ya no te sonreirá. No después de esto. Es la primera y, te aseguro la única, ocasión en que mis palabras van cargadas de lágrimas causadas por tu comportamiento. Seré más cauto contigo en lo posterior...
No hay comentarios:
Publicar un comentario