Y así, casi sin memoria desapareciste... Se desvaneció tu imagen frente a mis ojos y sólo escuché en la profundidad de mi mente el eco ya gastado de tu adiós. Las palabras del "Monstruo de América" llegan hasta mi conciencia y logran en mí aquel sentimiento de resignación: "¿Que si lo dictó la vida? ¿Que si fue nuestro destino? Solamente es el camino de aquel... De aquel que siempre camina..."
Duele, sí. Indudablemente se ha desgarrado una parte de mi ser; he debido reconciliarme con el único que no me pregunta ni me juzga y que dejé en el olvido cuando ya no lo necesité: mi buen Havana Club, quien en noches como ésta me brindó su inefable compañía y que, una vez más, me recibió sonriente.
¿Dormir? Se requiere ligereza de espíritu y no sólo cansancio para tal acto. El privilegio de los justos no me cobija, pues de obrar injustamente he sido recriminado.
¿Fui culpable? Ciertamente. Que todo recaiga sobre mí, estoy acostumbrado... Sólo será otro embate a mi corazón.
De vuelta al principio, retrotraído por la fuerza de las circunstancias. No lo deseo y sé que tú tampoco, pero así debe ser para salvaguardar lo que sutilmente llaman "dignidad" las voces conspicuas cargadas de prejuicio.
Siento que aún tengo algo de fuerza para sobrellevar los días venideros, pero ¿de qué sirve mi intelecto si debo reprimir el canto de Érato? Espero tengas la respuesta... Tú eres la sensata.
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