domingo, 12 de abril de 2009

Dos marcas



Transcurren las horas comatosamente.
La lluvia golpeando mi ventana arrulla el tacto cansado de un día entero de agitación.

Consumado por la literatura, no desvío la mente del vivo imaginar en que se
encuentra y procuro devorar la mayor cantidad de ideas antes de cerrar los
ojos.


Súbitamente se rompió mi concentración al caer de la página 168 una antigua
imagen, un recuerdo de los muchos que alberga mi corazón y que materialmente
conservo en escasez. Mis ojos se sorprendieron al borde de la desorbitación al
contemplar aquellas dos marcas que fijaron mi determinación cuando la conocí.
Las dos marcas que anhelé tener entre mis dedos y rozar con los labios...


Fueron ellas las causantes de los desvelos diarios, las alimentadoras de mi
ansia y motivadoras de cada línea; el señuelo que atrajo a Érato y produjo una
a una las oraciones que tanto alegraron sus mañanas copadas de labores de
oficina. Una vez más fui arrebatado por la contrastada sensación de dicha y
nostalgia; sendas características que revisten sus marcas.


Pude contemplarlas desde el primer momento, cautiváronme cuando la conocí
aquella calurosa mañana de mayo. Fui aproximando mis intenciones, anhelando
poseerlas; así lo conseguí. El ostracismo de la razón era evidente mientras las
acariciaba, desbordando ternura y pasión de entre mis dedos inquietos. ¡Cuánto
había esperado mi alma para besarlas! Ella lo ignora y así debe ser... Nada
debe arruinar los momentos que estremecen mi piel al recordar la furtividad del
romance.


No conoce mi boca mejor remate que el estribillo de sus labios: aquellas dos
marcas que dan forma a la grandísona sonrisa perfecta que segó las angustias y
devolvió la esperanza a mis venas... Sigo esperando por ellas, aún las reclama cada
poro insatisfecho.


He hecho un alto a la añoranza y guardé la fotografía. Página 169...