viernes, 17 de agosto de 2012

Reproducción no autorizada

Soñé que te alcanzaba por aquellos días, con la ignorancia del momento y el porvenir; ni una palabra hizo falta, ambos lo sabíamos hacía ya varias lunas. Carentes de fachadas inquebrantables, nos encontramos en el escenario tan ansiado por ti, aquel que, a manera de confesión tardía, admito que tantas veces también anhelé. Cada vez que lo pienso, me carcomo por dentro, algo en mi interior de mí fallece y mi humor se espesa; intento en vano trasladarte la culpa y enojarme contigo, hacerte blanco de todos mis disparos de frustración ahogada e intentar limpiar mi conciencia por haber fallado al papel de hombre, tan esperado, tan observado en mentes de menor capacidad y en corazones de muy inferior rango.

Para ti es un juego, lo sé. Todo ha sido un pequeño juego de poder que la premura del sufrimiento posó sobre tus pequeños hombros y formó esa amalgama emocional que a más de uno en mi género ha llamado la atención inmediatamente. No pude, no lo intenté siquiera, jamás se paseó entre mis ideas alguna sugerencia mínima que me brindara seguridad, algún objetivo al cual aferrarme y creerte mía, pura y simplemente mía, lejos de cualquier repetición fallida, de esas que rebosan en mi haber y que, con la extensión del camino, el músculo cardiaco fue calcificándose e implementando en mi ser el más sofisticado sistema de alertas tempranas, de precauciones por doquier.

Hoy me arrepiento, no es broma cuando lo he mencionado en charlas graciosas del pasado no muy distante. Falté en los momentos de crecimiento, de charadas y maldad, de indecisiones y tonterías. ¡Cómo me hizo falta aquello para estar tranquilo conmigo y con los de mi especie! Rumiar el pasado, cosa que no hacía desde que te conocí, no me ha hecho falta, pues he sido realmente feliz. No obstante las alegrías intercambiadas, vuelvo a sentir mi pasada necesidad masoquista. Confieso que lo he hecho, sentí el impulso de volver a los días previos, no a los felices, sino a todos los anteriores, desde el primer virus hasta el secuestro y más allá, una y otra vez... Mis amigas necesitan combustible, así como mi alma requiere sentirse miserable: sólo observando mi hemorragia propia puedo constatar que estoy vivo todavía y sigo rumiando.

Mis sueños son escasos, quizás por la falta de alimento antes de dormir, a lo mejor porque solamente la frustración mantiene aquel hemisferio cerebral activo y el sentirme satisfecho no lo logra. Sea como sea, me inmiscuyo nuevamente en el mundo onírico, a regañadientes, forzando la posibilidad inútil de transgredir las leyes físicas y saltar entre los cuadrantes del tiempo, solamente para abofetear a mi yo de entonces, romper su coraza estúpida y volverlo un hombre cabal, digno de una historia íntegra.

A lo mejor cerrando los ojos con mayor fuerza pueda lograrlo, ir y volver con prisa, listo a disfrutar la nueva vida, la que debió ser, la que extravié para siempre y que planeo vivir a manera de telenovela inédita, a tus espaldas, engañándote contigo misma en mi cabeza, el lugar inexpugnable de tantos dramas, enemigos y escenarios, fantasmas y demonios que la seguridad de tu amor redujo a solamente un mal recuerdo y que, pataleando con desesperación, estos intentan salir. Esta noche luce perfecta, las vísperas son mi especialidad.

sábado, 11 de agosto de 2012

El Oni del Azadón (fe de erratas de un piñón)

De vuelta en el mundo onírico, donde mi búsqueda de descanso logra verse extrañamente interrumpida por la invasión constante de aquellos rezagos de conciencia que por más que las neuronas se agoten hasta el dolor, siempre guardan espacio para recordar, alejándome de la calma que deberían traer mis sueños e impiden que el cerebro descanse adecuadamente; quizás aquello podría explicar la desubicación temporal que sufro al retomar una conversación, pues mi cuerpo siempre cree estar en un día siguiente al real.

Fue en piñón el anuncio, ciertamente. Supe, desde luego, que se trataría de algo meramente referencial, un marco de aproximación. Lo curioso es que estuve presente en cada segundo, mas no recordaba que fuera físicamente en azadón cuando transcurrieron los hechos. Conozco bien los límites de la sensatez, sé cuál es el lugar que me corresponde y las acciones que debo omitir para mantener la paz interna, a la par que lucho por construir mayor paz social.

No recuerdo las emociones que embargaron mi mente ajetreada al redactar estas primeras líneas hace ya varios días atrás, pero dado el título creo poder retomar el hilo original que mereció la atención de mis amigas eternas. Sí, una falla humana que debía enmendarse en nombre de todo lo que es justo; hasta la perturbación mental relativa causa cierta ternura por lo tan humano de su desenvolvimiento.

Calendarios de un pasado sangriento que escapan a las mentes inadvertidas, referencia que blinda los capítulos acaecidos en momentos en que mi participación no fue exigida. Todo lo he hecho muy bien, soy brillante. El orgullo soberbio de burlar la comprensión ajena me ha acompañado sin el mínimo remordimiento siempre. Llegará el inevitable momento, cada vez las distancias se acortan y el camino al encuentro está llegando al fin. Las coincidencias son demasiadas y sé que no soy ineludible al tiempo implacable. Guardo la compostura de la paciencia exigida y espero atento.

Una vez más fui víctima de mi testimonio propio, de aquella esmerada atención a cada paso recorrido y que produce un inexplicable 'no sé qué, qué sé yo' mientras tejo la enorme red de la casuística a mi alrededor. No halla descanso mi mente proactiva, pues la he acostumbrado a ser explotada hasta el límite de las energías y, alejado de cualquier remordimiento, disfruto exprimirla hasta desafiar su temple. ¿Qué es lo distinto entonces? Mirando el techo me lo pregunto varias veces y llego a la unívoca respuesta: nada. Mantengo el tejido construido sobre nada a la espera de alguna mosca inadvertida que se vea seducida por el malvado encanto.

¡Qué carajo importa si piñón o azadón! Esa es la verdad y debo confesarlo, o continuar al borde de la sorpresa eventual, cada vez más parecida al viejo Secret of Mana, generando escenarios aleatorios para obtener recompensas mejores. Desde luego no he olvidado mi palabra y soy fiel a la misma. ¿Podrás disculpar mi perturbación, amada? Empeño mis mejores anhelos en que así sea y poder volver a expresar a sobreseguro: "Eriza, eriza, muéstrame tu sonrisa...".