**Texto leído el Día del Padre 2008 ante mi padre y hermanos**
Jamás he sido muy expresivo y esta característica la conocen bien mis más allegados seres, particularmente mi familia. No es menos cierto que mi marcado hermetismo reviste diversos y contrastados sentimientos que hoy, finalmente, expondré resumidamente y a todos vosotros a manera de tardío tributo al autor de mis días.
Tendría demasiado qué contar luego de 19 años de uso de razón y tímido silencio, pero he optado recorrer suscintamente el cúmulo de emociones que menos lágrimas me arranque. Entendido este propósito egoísta y en oposición a mi exigente corazón, la mente se remonta a la edad pueril; las revistas Misha, los fines de semana de lavandería en casa de la abuela y de cuando mi enseñanza fue encomendada al ala maternal de mi querida aya. ¿Y cómo podría olvidar la primera vista panorámica que tuve de Guayaquil, contemplándola desde la oficina en el FÓRUM? Pero aquellos años también plasmaron en mí la idea de que papá era un ser indestructible, incapaz de quebrarse ante las adversidades. No fue sino hasta el funeral de un amigo que vi en él por primera vez una lágrima. Yo contaba cinco o seis años entonces y supe que papá era de carne y hueso. ¿Decepción? Por el contrario, comprendí la belleza de la sensibilidad y así, ya de adolescente, aprender de él los elevados ejemplos de solidaridad y humanismo que intento practicar a diario y que despertaron en mí la vocación hacia el Derecho, linaje profesional y moral que aspiro sostener altivamente.
Recuerdo en cierta ocasión lamentarte por considerar no habernos brindado suficiente cariño cuando niños. Afirmo, sin temor a equivocarme, que mis cuatro hermanos coincidirán conmigo que no ha existido mayor muestra de afecto que la incansable disposición de tiempo y recursos, de tus múltiples enseñanzas; el conocimiento y ciencia que colocaste en nuestras manos y que esta noche he tratado, informal y verbalmente, retribuir.
Si con los años venideros logro ser la mitad de ser humano que eres tú, sabré entonces que mi vida ha sido fructífera y podré sentirme realizado.
¡Feliz día, papá!
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