viernes, 20 de abril de 2012

Oni II

Recuerdo el momento exacto: noche de fiesta en que la casualidad me permitió disfrutar de su compañía por escasos minutos. Admito que la alegría de su presencia fue a la vez un apéndice de temor; no me encontraba listo para afrontar una cercanía tan personal, pese a la empatía bárbara que nos mantenía tan unidos desde hacía ya varias semanas.

La noche transcurría pasivamente. Ambos en compañía de nuestras amistades respectivas, sin descuidar el que nuestras miradas puedan encontrarse de vez en cuando para un saludo informal de mí levantando una ceja y de ella, regalándome una mueca.

Aún se venga la mente de mí, atormentando mis sueños con aquella mirada de desamparo que ella me clavó a través del cristal mientras yo me alejaba terminando el cigarrillo y sin ver atrás. No era mi responsabilidad entonces, pero me fascina cargar acontecimientos pasados a mi haber.

Sus ojos me siguieron con cierta nostalgia por la calle hasta que desaparecí de su radar; sentí en todo momento la necesidad de su alma, pero me encontraba inhabilitado -social y materialmente- de socorrerla...

miércoles, 18 de abril de 2012

Mother is the first other

**Texto del 22 de noviembre de 2011**

En medio de un ligero lagrimeo recordé esta mañana las dulces palabras del amor pasado y enjugando mis ojos comencé a transportar ideas alrededor de mi cabeza, sacudiendo más de dos décadas de silencio sin una sola línea dedicada a la mujer que más he amado en este mundo.

Has sido tú la única, siempre dispuesta a asumir el dolor que cualquier situación produjere. Me negué constantemente a comprender la extraña naturaleza de lo que significa tu amor maternal, únicamente enfoqué mis sentimientos en las vivencias amargas, en los despechos que tu ausencia produjo en mí y que se ven reflejados en mi accionar presente.

Sí, te culpé por todos mis males, angustias y fracasos. Las traiciones y abandonos no fueron sino la consecuencia de tu irresponsable cuidado, de la inexistente importancia que prestaste a mis asuntos siempre... ¿Cómo entonces puedo hoy mirarte y decirte que te amo? Nunca estuve allí para demostrarlo, te dediqué un trato recíproco y siempre aguardando la ruptura de la armonía para embestir, hasta físicamente, si hacía falta.

¡Cuán equivocados estuvimos tú y yo todo este tiempo! Debí atravesar los duros momentos de la vida lo suficiente para sentir tu regazo otra vez y percatarme, en ratos de angustia máxima, cómo volvías posible aquello en lo que yo ya no creía realizable y entre lágrimas ahogadas por tu siempre presente vanidad, me obsequiabas la seguridad que en absoluto y digno silencio siempre reclamé.

Mi mente convulsiona ante la idea de adorarte como debió ser siempre, como lo vi en las películas cliché y atestigüé entre mis círculos sociales, estupefacto y murmurando al viento: "así es como se ama a una madre...". Se revuelven mis ideas e intentan sacudir años de rencor y odio; perdonar y olvidar para salud de nuestros congéneres.

¿Estoy emocionalmente preparado para ello? Hago una pausa para contemplar las cicatrices que mis manos ocultan y recurro al masoquismo acostumbrado: me transporto a cada uno de esos momentos y el pulso se acelera, mi piel desgarrándose y el ardor en medio del cobrizo aroma a sangre retumban en mis recuerdos, inyectan odio y más odio cada vez; la respiración se agita y el buen humor con que desperté esta mañana se disipa hasta erosionar mi temperamento... !&#@!&#@!&#@

Maldita sea la hora en que mi arrebato produjo el primer golpe... No pensé adecuadamente, ni medí las consecuencias. Paz social, paz social es lo que debe primar, aquel letargo malvado dominador de masas debió aplicarse para no resquebrajar el hogar. Vuelvo a formular la pregunta y río patéticamente al constatar que han pasado ya más de diez años; es aún más patético pensar en que todavía me lleva al llanto escuchar "Cleaning out my closet". Asco y pena.

Debo dar muerte a este fantasma de una buena vez. No puedo seguir sucumbiendo ante su presencia corruptora que diezma mi salud y espanta a la poca bondad que ha quedado en mí. Tú y yo sabemos cómo acabarlo, pero nos resistimos a las novedades, tememos a lo desconocido... Siendo así, daré el primer paso: te amo, madre.

Separation anxiety

**Texto del 28 de octubre de 2011**

Mi fortaleza y pilar, mi persona favorita: todo cuanto he sido en mi vida adulta; la representación de mis anhelos de hombre, el impulso a conquistar lo mejor del mundo y el aliento eterno de mi concienca... Nadie como tú jamás, el amor eterno que nos unió no ha hallado símil en ningún lado: "Dudo que existan en el mundo dos personas que se hayan amado como nosotros", nuestro juramento perpetuo.

¿Cómo hemos terminado así, amor mío? Debía durar para siempre, así lo decidieron nuestros corazones desde el primer beso, desde que aceptaste unir tus empeños de vida conmigo y atestiguar cada hora juntos. La vida toma rumbos sinuosos y complejos que escapan a nuestro control, que logran escabullirse de los más profundos deseos de nuestros entrelazados espíritus. ¿Así y ahora? ¿Realmente es el fin? Me lo pregunté varias veces antes de iniciar estas líneas y sé ahora que no hay retorno... Duele menos cada vez, pero duele. No obstante el remordimiento que pudiese sentir, la alegría es inmediata al saberte feliz, segura y amada nuevamente. Basta imaginar tu sonrisa de complacencia por un segundo para sentirme completo: el bienestar tuyo se traduce en mi realización, como siempre has sabido.

Te amo, compañera, es indudable; tus infatigables gracias no lograrán jamás ausentarse de mi mente... Las palabras de cariño son sólo superadas por tus gestos amorosos, aquellos que jamás faltaron en los momentos de mis profundos dolores. Sonrío, sí... Suspiro cuando volteo y clausuro definitivamente el Reino de Estambre, los hermosos y mágicos jardines que mi mente extasiada creó para tu descanso y que hoy, luego de largo funcionamiento, conocerán su jubilación.

Siento que cumplí fielmente los deseos de mi corazón, todo lo que mi conciencia dictó siempre en pro de tu felicidad. No reprocho nada más que el haber mostrado cobardía ante las exigencias sociales. Llegó la hora finalmente. Libertad y felicidad.

Como rúbrica perpetua, una lágrima y un beso.

Oni I

No lo he permitido, no lo haré. El ardor que cauteriza mis costillas y produce náuseas de ira no asomará, no en esta ocasión.

¿Por qué debo experimentar estas sensaciones nuevamente? No es correcto, no es sano. Conozco perfectamente hacia dónde conducen tales emociones y cuál es el desenlace final: condena total a la confianza que debe mantenerse siempre en toda interacción social.

Estas líneas aguardaron mucho tiempo, congeladas ya desde enero, mes culpable de mis sentimientos actuales y primer motivador del presente escrito. Esta noche parece ideal, la soledad que solamente las estrellas interrumpen no me acurrucará ahora; encontraré una vez más, en el placer del ostracismo, la inspiración que necesito...

martes, 10 de abril de 2012

Verdades impiadosas

Aún me reprocho un poco el haberle mentido. Soy bueno haciéndolo, indudablemente; para momentos así fui formando mi carácter con cada decepción vivida. ¿Arrepentimiento? No de su compañía, de su amor o su existencia. Solamente resiento tonterías que no hallan lugar en nuestro presente... Maldito fetiche, marca insana que me persigue eternamente, privándome de toda calma y tentando a mis sentidos a dejar todo y retrotraerme hasta la soledad conocida y casi olvidada. Te detesto, no sé por qué te sigo considerando un fetiche. No eres más que el reflejo de mis inseguridades y el recordatorio perpetuo de que aquel niño tímido aún no ha muerto.

Una frase, una pequeña oración bastó para exacerbar mi tranquilidad y recordar la resistencia original de mi voluntad. Comprendo por fin la sensación del amor pasado y su reproche, cuando en forma casi desquiciada torturaba su alma y la mía con citas de mi autoría. La admiración y el orgullo son reales, demasiado reales para disimular el desgarre que produce en mí cada detalle de cariño, cada "te amo", cada vez que redescubro la profética anunciación de que aquella historia no ha llegado a su fin.

Pero, ¿guarda sentido lo que siento? ¿debo seguir permitiendo que ideas absurdas, aún más que las suyas, gobiernen mi estado de ánimo? Sé que no, no es racional y viola los principios que tan públicamente enarbolo; sería una inconsecuencia con lo que siempre he profesado al respecto.

Mantener la paz social a toda costa, es la misión a cumplir. A la final, no tengo hechos ni derechos qué reclamar...