sábado, 9 de junio de 2012

El viaje

Habíamos resuelto darnos unas vacaciones y a ella se le ocurrió inmediatamente la idea de una corta estadía en Estados Unidos. Yo accedí sin pensar en mis recelos del pasado sobre el país del norte, pues nada era tan importante para mí como su felicidad en mi compañía; sea donde fuere, el sólo permanecer a su lado motivaba mis más impulsivos arranques.

Acordamos partir ese mismo fin de semana, con apenas unas cortas mudas de ropa, ya que volveríamos en no más de tres días. Así hicimos y todo se encontraba ya listo, dos pequeñas maletas de viajero y nuestro inmenso amor fue el único patrimonio para levantar el vuelo hacia la tierra de Jefferson.

Ciertamente fue lo único que llevé conmigo, pues encontrándonos ya sobre la alfombra azul del pasillo, ella caminando delante de mí abrió su bolso para exhibir sus documentos, ante lo cual mis ojos incrédulos miraron horrorizados. ¡Había yo olvidado el pasaporte en casa...!

Ella se adelantó e ingresó a la sala de preembarque y, al grito de 'apúrate', me mandó corriendo a casa. ¡Cómo pude olvidar lo principal! Llegué en pocos minutos pese a la distancia y salté los escalones de a cuatro hasta llegar a la habitación y empezar la búsqueda.

El teléfono sonó, era ella, ya debíamos hacer el registro del equipaje y yo revolvía el cajón del velador hasta que lo encontré y lo levanté por encima de mi cabeza a manera de trofeo...

- ¡Lo encontré, amor, calma!
- Perfecto. ¿Y la visa?
- ¡OH, DIOS MÍO! ¡Requiero visa para ingresar!
- .........

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