Quise soportarlo solitariamente, pues aún no lograba asimilar completamente la fase de contra cara que me mantenía postrado al borde del colapso y que hará mella durante largo tiempo, quizás para siempre. Juro que lo intenté, mas las letras que tanto amo perforaron mi tímpanos hasta alojarse en el cerebro y no dar descanso a mi espíritu. Intenté tomarlo con gracia, con cierta ironía, evitando así verme envuelto en similar y patética historia que traería solamente humillación silente, no cediendo un sólo centímetro a comentario posterior de algún tercero que pudiera reírse de mi desgracia. Sé lo que me correponde hacer para salvaguardar mi propia dignidad y, a modo de incomprensible cortesía caballerosa, mantener también la imagen femenina a salvo.
La víctima tiene mejor memoria que el victimario, es lo que suelo decir cuando quiero evidenciar una injusticia y al parecer podría caber en la circunstancia actual. ¿Que si la odio? Mi respuesta inmediata es no, no podría jamás. ¿Qué es entonces aquello que percibo y produce fastidio? ¿Cómo explicar lo que invade mi ser cuando al tipear estas líneas mantengo una mueca desagradable? Tonterías, seguramente. Analogías extensivas a un presente limpio que no guarda relación con las decepciones del ayer y que en enfermiza obsesión necesito para sentirme vivo, presionar y presionar hasta hartarla, mandar todo al diablo y buscarme otra lesionadora profesional.
No hay comentarios:
Publicar un comentario