viernes, 20 de abril de 2012

Oni II

Recuerdo el momento exacto: noche de fiesta en que la casualidad me permitió disfrutar de su compañía por escasos minutos. Admito que la alegría de su presencia fue a la vez un apéndice de temor; no me encontraba listo para afrontar una cercanía tan personal, pese a la empatía bárbara que nos mantenía tan unidos desde hacía ya varias semanas.

La noche transcurría pasivamente. Ambos en compañía de nuestras amistades respectivas, sin descuidar el que nuestras miradas puedan encontrarse de vez en cuando para un saludo informal de mí levantando una ceja y de ella, regalándome una mueca.

Aún se venga la mente de mí, atormentando mis sueños con aquella mirada de desamparo que ella me clavó a través del cristal mientras yo me alejaba terminando el cigarrillo y sin ver atrás. No era mi responsabilidad entonces, pero me fascina cargar acontecimientos pasados a mi haber.

Sus ojos me siguieron con cierta nostalgia por la calle hasta que desaparecí de su radar; sentí en todo momento la necesidad de su alma, pero me encontraba inhabilitado -social y materialmente- de socorrerla...

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