No lo he permitido, no lo haré. El ardor que cauteriza mis costillas y produce náuseas de ira no asomará, no en esta ocasión.
¿Por qué debo experimentar estas sensaciones nuevamente? No es correcto, no es sano. Conozco perfectamente hacia dónde conducen tales emociones y cuál es el desenlace final: condena total a la confianza que debe mantenerse siempre en toda interacción social.
Estas líneas aguardaron mucho tiempo, congeladas ya desde enero, mes culpable de mis sentimientos actuales y primer motivador del presente escrito. Esta noche parece ideal, la soledad que solamente las estrellas interrumpen no me acurrucará ahora; encontraré una vez más, en el placer del ostracismo, la inspiración que necesito...
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