miércoles, 1 de julio de 2009

Y me dieron las tres

Ya pasado el trance de la embriaguez y una vez consumada el ansia etílica de la depresión, la mente retorna a su descanso y envía impulsos de energía al corazón, invitándolo a congraciarse con la razón. El sentimiento y la lógica -pareja dispareja- concuerdan, como pocas veces, en el imperativo categórico de poner un alto a los masculinos rituales ofrecidos por Dionisio y que tientan al más templado espíritu...

Ya lo has conseguido -afirma una voz amiga.
Acepta como hombre los errores y las dificultades -prosigue- Ya todo es cuesta abajo...

El cariño de la amada confirma la calma exigida desde el exterior: "Yo te necesito... Eres mi razón para sonreír". Bastaron aquellas palabras para detener la cólera provocada por el alcohol y remontarme al éxtasis del primer beso. El verbo me es insuficiente y ella lo sabe; la palabra enmudece al penetrar mi mirada con sus ojos que sonrientes, me enamoran cada vez.

Aún intento descubrir el seguro sendero que lleva hasta sus agitados pensamientos, la braveza de su mente y la incólume esencia que me atrajo y me atrae todavía, loca e inexplicablemente. No me detendré; la fuerza que me llama a sus brazos es superior al ímpetu y a la conciencia misma. El anhelo es mi norte...

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